La saga Age of Empires siempre ha ocupado un
lugar de honor dentro del apartado de la
estrategia en tiempo real, y esta vez el
título hace más que justicia
a su nombre...
Eran
ya varios los años en los que no teníamos
apenas noticias sobre la tercera secuela
de la tal vez más famosa serie de
estrategia de la historia de los videojuegos,
una secuela en la que, muy a diferencia del
anterior título (basado en la mitología),
Ensemble Studios toma esta vez la iniciativa
tradicional de la saga, es decir, la circunstancia
histórica. Una historia (no exenta
del todo de elementos fantásticos)
que comienza donde acaba la anterior: en
el ocaso de la Baja Edad Media y el amanecer
del Renacimiento, con todo un despliegue
de acontecimientos que incluye, por supuesto,
el encuentro entre Europa y el Nuevo Mundo.
El
desarrollo del juego se divide en 3 actos,
probablemente los más emocionantes
de toda la serie. En la primera parte tomaremos
parte de la resistencia nativa contra los
conquistadores españoles junto al
inmigrante escocés Morgan Black, aliado
de los aztecas. Después participaremos
en la guerra entre Francia y Gran Bretaña
en India, y por último tomaremos las
armas junto a Simón Bolívar
en varias revoluciones en américa.
El sistema de juego es similar a los anteriores,
basándose por tanto en conseguir recursos
naturales, construir asentamientis, armas,
reclutar infantería, etc. A lo largo
de todo el desarrollo tomaremos parte en
bandos como España, Portugal, Francia,
Alemania, Holanda, Inglaterra, Turquía,
Rusia, así
como distintas culturas americanas, cada una
con sus particulares características.
Todo ello desde 1492 hasta la revolución
industrial.
Como
deslumbrante novedad tenemos esta vez la
opción de visitar nuestra ciudad natal,
de la cual podremos importar todo tipo de
material de ayuda (unidades, recursos, etc)
para nuestros progresos en tan lejanas tierras,
hay que tener en cuenta, por cierto, que
nuestros progresos allá aportarán
grandes mejorías a nuestra ciudad
base. Otras veces podremos adquirir bienes
a través de las abundantes rutas comerciales.
Salvo
lo ya mencionado, además de la posibilidad
de elegir entre facciones políticas
de cada civilización, así como
la posibilidad de crear alianzas con las
tribus indígenas vecinas (sin olvidar
el increíble sistema gráfico)
no hay demasiadas novedades en cuanto a las
tipologías de misiones, centrándose
éstas en protección, destrucción,
captura, rescate u otras que pueden combinar
las anteriores. No dejan de ser pocas.
Pero
nada llama tanto la atención del jugador
como el espectacular despliegue gráfico.
La sensación de elevación,
de altura sobre el terreno es tan realista
que pondrá
a prueba a los jugadores con vértigo.
La minuciosidad, el detalle, el colorido y
el realismo (unidos a una magnífica
optimización gráfica) constituyen
un despliegue visual no menos que embriagador,
que desde el primer pantallazo nos comunica
la sensación de que el escenario que
vemos está realmente vivo, es decir,
es orgánico. Ciertos efectos visuales
como la luz solar (contagiando de iridiscencia
la bruma, la nieve o la niebla) o el agua del
mar (un mar simplemente real; un grupo de desarrolladores
de Ensemble estuvo trabajando exclusivamente
durante un año en la apariencia y el
comportamiento del mismo), sobre el que se
proyectan los reflejos y sombras de los grandes
navíos, nos dejan simplemente atónitos.
Todos los efectos visuales son magníficos,
el deterioro de las construcciones, el humo,
etc. Para no perderse tampoco es el potente
motor físico del juego, el cual queda
bien patente sobre todo en las devastadoras
consecuencias de las explosiones y disparos
tanto sobre las tropas como sobre las edificaciones.
Tan impactante como realista, cuanto menos.
Como es lógico todo esto cuenta con
una nada despreciable AI, que sabe tan bien
o mejor que nosotros como llevar una contienda
y que no nos lo pondrá fácil
en ningun momento (si, como buenos aventureros,
lo permitimos).
Pocas
veces un guión se distingue del resto
de atributos de un juego, máxime cuando
su nivel técnico es tan alto como
este. Age of Empires III es excepcional tambien
en este sentido.
Ya hemos mencionado a Morgan Black. Pues bien,
la campaña individual parte de este
colono, caballero de la medieval orden de San
Juan. Recién llegado desde Malta, su
verdadero cometido es evitar que los españoles
accedan a la mítica fuente de la eterna
juventud. Un guión nada convencional
y sumamente atractivo gracias a la mezcla de
historicidad y mitología. Tras la muerte
de Morgan Black encarnaremos a su nieto John,
esta vez en frentes como La India durante la
guerra de los siete años entre Francia
e Inglaterra... Y no les cuento más
pero lo cierto es que la cosa sigue hasta el
siglo XIX. Una trama que sobresale por derecho
propio, esuiparándose en calidad a cualquiera
de los apartados restantes.
Oldevay