Algunos
lugares tienen fama de estar embrujados.
En todo bosque, pueblo o ciudad es fácil encontrar
sitios así: malditos, o encantados, si se
prefiere, y por cierto que las tradiciones locales
suelen aportar alguna explicación, por extraña
que esta suene. A veces el viajero que transita por
esos parajes siente que algo le observa y envuelve,
acariciando con invisible mano gélida el vello
erizado, y cómo de súbito el corazón
se acelera ardiente y ruega, imbuído por algún
instinto salvador, dar marcha atrás en el
viaje, volver sobre los pesados pasos antes que pernoctar
siquiera cerca...
No
temáis. No pasaremos por esos lugares.
Pero
los hombres a menudo olvidan, y más a menudo
ignoran, y tal vez este sea el secreto de su efímera
supervivencia: la inocencia. Algunos lugares permanecen
oscuros e ignotos, y jamás se vio en ellos
huella de hombre, y si así ha sido ningún
hombre vivo o cuerdo ha regresado nunca de ellos.
Nunca han tenido fama estos lugares de los que
hablo, porque Dios es misericordioso... pero la
llama del hombre no es eterna. La enfermedad brota
de ellos, o tal vez de lo que albergan, extendiéndose
a nuestros pies, o sobre nuestra ignorante cabeza.
Entre el horror y la locura se esconde el secreto
de lo que contienen, pero nunca será suficiente.
El verdadero mal, el auténtico espacio en
blanco en el que siquiera el hombre tiene lugar,
no se halla en una mansión vacía.
Muy al contrario. Aguarda paciente en su letanía,
agitándose como un durmiente, en la oscuridad
que le ampara y defiende, ajeno y extraño,
pero consciente de que cada ser vivo que pisa esta
tierra pronto volverá a su antiguo lugar, ¿queréis
verlo con vuestros propios ojos? Por aquí tendremos
que pasar.
Dark
Corners of the Earth
Aquellos
que conozcan la obra del célebre maestro
de terror y ciencia ficción H.P. Lovecraft,
saben muy bien lo que tienen entre manos: una obra
maestra dentro del ya abundante genero del survival
horror en primera persona. Pero aquellos que aún
no hayan leido nada del citado autor encontrarán
en este título, además de un importante
obstáculo para conciliar el sueño,
un buen motivo para adentrarse en un mundo, una
mitología, y a veces una filosofía
absolutamente aterradoras y sorprendentes. Esto
no es ninguna broma. Por lo que he podido jugar
puedo decir que de verdad da miedo, y a ese nivel
podría comparársele con otros títulos
como F.E.A.R, Doom 3, o Proyect Zero, solo que
en este caso se están siguiendo como guión
los relatos del ilustre escritor, relatos que,
por otra parte revisten de una calidad incomparable.
Sólo puedo decir que nuestro personaje, Jack
Walters, es un investigador privado, amnésico
y recién salido del más escalofriante
asilo psiquiátrico de Nueva Inglaterra. Tras
pasar largos años en él debido a un
profundo trauma sufrido en uno de sus casos, del
que por suerte no recuerda casi nada, decide reemprender
su carrera, pero aceptando únicamente ciertos
casos de su interés. Toda la acción
se ambienta en los años 20.
Respecto
a la mecánica del juego hay que decir que
nos encontramos con añadiduras de lo más
interesante. Aunque parezca un shooter, no lo es
(de hecho no tendremos armas durante un trecho
considerable), tampoco es rol, ni aventura gráfica.
Se diría que es una mezcla de los tres.
Hay un momento para todo, para pensar, para actuar,
para investigar, hablar... pero sobre todo para
huir. El terror es omnipresente, hay una constante
atmósfera de oscuridad y asfixia, tras cada
puerta y esquina se esconde algo innombrable, y
Jack no es de piedra. Tanto su salud física
como mental corren peligro, y hay que vigilarlas
atentamente, pero ¿cómo? no tenemos
barra de vida, ni indicadores de munición,
ni nada. Debemos escuchar la respiración
y el latir de nuestro corazón, si cojeamos
o si lo empezamos a ver todo en blanco y negro
(síntoma de que nos estamos desangrando), ¿mareos? ¿vertigo? ¿alucinaciones?,
Jack puede recurrir al uso de algún botiquín
de primeros auxilios o incluso a inyecciones de
morfina, aunque esta le cause una severa adicción.
A veces el miedo es tan grande que nuestro duro
investigador delira, el pulso le empieza a temblar,
etc. La locura puede llevar a Walters al suicidio
(en ocasiones es mejor mantener las armas alejadas).
Lógicamente un mundo tan realista requiere
de gran pericia y concentración, así como
del uso de nuestras mejores facultades para sobrevivir,
ya que el nivel de dificultad es bastante elevado.
Uno
de los aspectos que más destaca en el desarrollo
del juego es el atuendo cinematográfico
que reviste el guión, lleno de misterio,
de exotismo y horror, todo hilado de manera que
sólo el agotamiento mental o la pujante
dificultad (o tal vez nuestros allegados al oir
los gritos) pondrán poner freno a nuestras
partidas.
El
apartado gráfico puede no parecer deslumbrante,
pero lo cierto es que la mezcla de bruma y oscuridad
difusa, así como la leve estela de movimiento
que dejan todos los objetos que pasan por nuestra
vista, aportan en conjunto un aspecto así como
de mal sueño que va que ni pintado. Respecto
al apartado técnico se podría decir
lo mismo. Sin usar grandes novedades, Bethesda
Softworks ha creado un entorno de aspecto nunca
visto, a medio camino entre el realismo, el cine
de los años 30, y una pesadilla.
Dark
Corners of the Earth. Para muchos ha sido la experiencia
más aterradora vista en un ordenador, pero
en cualquier caso supone un magnífico homenaje
a su verdadero e incomparable creador: H.P. Lovecraft
(1890-1937).
Oldevay