De nuevo tenemos entre nosotros al asesino a sueldo
más silencioso, eficaz y alopécico
de la historia de los videojuegos. Este título
no está nada mal, lo cierto es que se echaba
de menos una nueva entrega de la serie Hitman entre
otras cosas porque su predecesor, "Hitman: Contracts" resultó ser
principalmente un remake de las anteriores entregas.
No importa. El agente 47 llega en tan buena forma
como siempre y además trae consigo un montón
de novedades que en absoluto merman esa esencia que
tanto nos gusta, la de ese asesino silencioso en
plan "Chacal" o "Leon el Profesional".
En fin, siempre ha sido una idea bastante original
aplicar este tipo de personajes al mundo de los videojuegos,
pero con esta entrega las posibilidades se multiplican.
No resultará tan impresionante a todos aquellos
que hayan seguido los títulos anteriores pero
las mejoras a nivel visual y de jugabilidad son un
atractivo ineludible.
El primer punto sorprendente de este título
es la elegancia y estilo que rebosa. El Ave María
de Schubert que suena en los títulos de entrada
y menú principal contrasta sutilmente con
la inminente violencia, los magníficos videos
introductorios antes de cada misión o la excelente
banda sonora del veterano Jesper Kydd, dirigiendo
nada menos que a la orquesta sinfónica de
Budapest, generan una experiencia inmersiva a la
altura o más que los anteriores Hitman. El
tiempo pasa, y eso se percibe en todas las mejorías
e implementos del título, pero tambien en
el rostro del agente 47, que de hecho se ve más
mayor que antes. Un toque de realismo más
pòr parte del equipo.
El argumento no es tan sencillo esta vez, otras
veces teníamos que ir cumpliendo misiones
(simple pero adictivo) sin una línea argumental
demasiado sólida, pero ahora ocurre que una
agencia rival entra en juego, y en absoluto se limita
a actuar por su cuenta, sino que comienza a atacar
a la nuestra (la ICA), asesinando a la mayoría
de nuestros agentes.Baste decir que 47 decide huir
a Estados Unidos para evitar ser asesinado y para
trabajar allí por su cuenta. Como no podría
ser de otra forma, a nosotros nos tocará investigar
este asunto, en una trama más oscura, decadente
y mórbida que nunca.
De este modo entran en juego dos factores completamente
nuevos: la popularidad y el dinero. Esto quiere decir
que cuanto más limpio y profesional sea nuestro
trabajo mayores serán los incentivos económicos
(siempre hay más de un camino), pero tambien
que si no actuamos con discreción la gente
emezará a hablar cada vez más acerca
de nosotros (podremos ver nuestra popularidad en
los periódicos), en cuyo caso habremos perdido
una de las cualidades primordiales de un asesino
silencioso, esto es, el silencio.
El hecho de que seamos recompensados
de manera acorde a nuestros actos tiene un interesante
motivo: al final de cada trabajo podremos mejorar
y aumentar nuestro arsenal. Mediante el dinero podremos
también obtener información o bien
cerrar la boca a testigos engorrosos. Estos son ejemplos
de la amplitud de acciones de que dispondremos, un
abanico mucho más amplio que en anteriores
entregas. Las formas de matar son más diversas
que nunca, e incluso las vías de inflitración
hasta nuestros objetivos son más variadas.
A la hora de borrar huellas tendremos muchas más
formas de hacer desaparecer cadáveres: en
cajas, bañeras, alcantarillas, neveras...
Todo esto ofrece al jugador un margen de posibilidades
más amplio que nunca.
Por último, en un repaso
rápido al
apartado gráfico observamos cambios radicales.
La presencia de un nuevo motor gráfico (Glacier)
nos ofrece una calidad de modelado inusitada, así como
una abundancia de detalles en cada escenario y personajes
muy de agradecer para un juego de este tipo. En nuestra
opinión lo más impactante es el trabajo
hecho en torno a la luz y la iluminación.
Este factor aporta una atmósfera que difícilmente
podría ser más adecuada, llena de juegos
de luces y sombras y de efectos sorprendentes. Hitman:
Bloodmoney es un título que exige bastante
a nivel técnico, pero es imprescindible para
todo buen seguidor de la saga de este calvo antihéroe,
el agente 47.
Oldevay